lunes, 10 de octubre de 2016

El ser humano como sujeto moral. Clases de Bioética por Diego García Capilla

Os dejo un pequeño RESUMEN correspondiente al Tema 1 de Bioética que imparte Diego J. García Capilla. Se trata de notas de clase y algunos comentarios durante las sesiones de los viernes. Para el temario general consultar al profesor, gracias. Me ha parecido un excelente tema de introducción. Vamos a ello:



TEMA 1. EL SER HUMANO COMO SUJETO MORAL

ESQUEMA GENERAL:

1. Los seres humanos como sujetos morales.
2. Moral y Ética.
3. Los haberes del sujeto moral.
4. La conciencia moral.
5. Los afectados por la obligación moral.
6. Los valores y la moral.
7. Las teorías éticas.
8. Las posibilidades de una ética cívica básica.


1. LOS SERES HUMANOS COMO SUJETOS MORALES

Los seres humanos, al actuar, nos vemos obligados a tomar como referentes unos contenidos morales u otros (Adela Cortina). Somos constitutivamente morales. Xabier Zubiri y José Luís Aranguren han distinguido dos dimensiones morales:

MORAL COMO ESTRUCTURA: es la estructura biológica de cualquier ser humano por la cual se comporta moralmente. Todos los seres vivos tienen una estructura básica de relación con el medio, que les permite adaptarse para sobrevivir: suscitación-afectación-respuesta. Pero esta estructura se modula de distinta forma en el animal y en el ser humano. En el animal la suscitación procede de un estímulo, que provoca una respuesta ajustada al medio. A este ajustamiento se denomina “justeza” y se produce de forma automática. En el ser humano la respuesta no se produce de forma automática. En este punto se presenta el primer momento básico de libertad : la respuesta no viene dada biológicamente, sino que tenemos que elegir entre un conjunto de posibilidades y justificar nuestra elección. Es un momento de libertad biológica desde el que se irán construyendo las demás formas de libertad. 

Los seres humanos responden al medio a través de un proceso en el que podemos distinguir los tres siguientes pasos:
1º. El ser humano, a través de su inteligencia, se hace cargo, no simplemente de estímulos, sino de que esos estímulos son reales, proceden de una realidad estimulante por la que se siente afectado. El ser humano no se siente afectado por el medio, sino por la realidad.
2º. El ser humano no responde al medio de forma automática, sino que él mismo crea un conjunto de posibilidades, entre las que ha de elegir la que quiere realizar. Encontramos aquí el primer momento de libertad: no estamos determinados por el estímulo real, sino que nos vemos forzados a elegir. No somos libres para dejar de ser libres.
3º. Para elegir entre las distintas posibilidades hemos de justificar nuestra elección. Esta necesidad de justificarse le hace necesariamente moral, porque le obliga a pronunciarse por unos referentes morales o por otros.

MORAL COMO CONTENIDO: expresión con la que nos referimos al conjunto de valores, normas e ideales de vida desde los que orientamos nuestras elecciones vitales. Al conjunto de los referentes morales que sirven para justificar nuestras elecciones, los denominamos contenido moral. El contenido moral lo constituyen los valores, principios, normas e ideales de vida. El contenido moral lo hemos ido construyendo históricamente los humanos, por la necesidad de nuestra estructura biológica que nos insta a justificar nuestras elecciones desde unos contenidos u otros.


2. MORAL Y ÉTICA

La Moral es un conjunto de principios, normas, preceptos y valores que rigen la vida de los pueblos y de los individuos.
La Ética es una parte de la Filosofía que se dedica a la reflexión sobre el fenómeno moral (Filosofía moral).

Ética es un término que procede del griego "ethos", cuyo significado originario hacía referencia a las costumbres. Sin embargo, pronto adquirió una nueva significación filosófica, designando el ‘carácter’ y el ‘modo de ser’ de un individuo, en cuanto ellos habían sido adquiridos por la educación, las costumbres y los hábitos de la sociedad en la que vivía.

Desde un punto de vista científico, la ética es la disciplina de la filosofía que reflexiona sobre cuáles son los principios teóricos que fundamentan los valores y las normas morales. También se designa con el término ‘ética’ al estudio de los distintos sistemas morales que han sido elaborados a lo largo de la historia del pensamiento.

En el lenguaje coloquial es frecuente utilizar como sinónimos los conceptos de ‘ética’ y de ‘moral’. Sin embargo, desde el punto de vista filosófico, muchos autores establecen una distinción importante entre ellos dos: mientras la ética sería una reflexión teórica sobre los fundamentos o principios en los que se inspiran las normas morales concretas, la moral, en cambio, designaría al conjunto de normas y valores que una determinada colectividad considera -en un momento histórico concreto- como justos o correctos, es decir, como pautas del comportamiento virtuoso.


3. LOS HABERES DEL SUJETO MORAL

Comportarse moralmente es inevitable para el ser humano (“moral como estructura”), por ello conviene hacer “la mejor” elección de contenidos que nos permitan una óptima condición vital. Dependiendo de nuestra elección podremos oscilar entre la plenitud moral o la desmoralización. Acceder a cualquiera de estas dos situaciones depende de las elecciones que un sujeto humano haga a lo largo de su vida. Siguiendo a Ortega y Aranguren, alcanzar una buena forma moral es un proyecto, ser moral es una tarea, un quehacer (Adela Cortina).

Vamos a describir los elementos o “materiales de construcción moral” que cuenta el ser humano para llevar adelante su proyecto moral:
a) La libertad. A la hora de actuar no nos vemos forzados siempre a dar una respuesta única y automática, sino que somos capaces de idear un mundo de posibilidades, entre las que podemos elegir cuáles queremos realizar y cuáles desechamos. Existen distintas acepciones del término “libertad”; aquí nos interesa la libertad originaria que hace posible todas las demás: estamos abiertos a crear inteligentemente un mundo de posibilidades y a elegir de entre ellas la que consideramos mejor. Al elegir nos apropiamos de las propiedades por las que optamos y van configurando nuestro carácter. Lo razonable es apropiarse de las que acondicionan nuestra vida para vivir bien. Saber acondicionar la propia vida es la tarea moral (Zubiri).

b) El talante. El talante de una persona es su sentimiento fundamental de la existencia, el tono vital con el que se enfrenta por naturaleza a la realidad. Este talante no lo elegimos, sino que nos viene dado por naturaleza, aunque podemos modificarlo a lo largo de nuestra vida haciendo uso de la libertad (ARANGUREN).

c) El carácter. Porque somos libres podemos ir forjándonos un carácter (éthos), también llamada “segunda naturaleza”: las personas nacemos con un talante o primera naturaleza, y podemos ir creándonos una segunda naturaleza o carácter por repetición de actos. Para Aristóteles en esto consiste la vida moral: en adquirir las virtudes y actitudes que van componiendo el carácter (ARISTÓTELES).

d) Los hábitos. Adquirir una segunda naturaleza es una tarea que se realiza, según los clásicos, repitiendo actos en un mismo sentido, con lo cual vamos generando paulatinamente unos hábitos, unas predisposiciones a obrar en un sentido y no en otro. A los hábitos que nos predisponen a obrar bien se les ha llamado tradicionalmente "virtudes", mientras que a los que nos predisponen a alejarnos de él se les ha llamado "vicios". Para los griegos la virtud (areté) se entendía como excelencia del carácter. En cada ámbito (deporte, sabiduría, etc.) era virtuoso el que destacaba entre los demás por hacerlo especialmente bien. Sin embargo, el término latino "virtus" significa fuerza, virilidad. La virtud es, pues, una predisposición a obrar bien, adquirida mediante ejercicio, que hace a quién la adquiere “excelente” en una determinada disposición. Este es un elemento fundamental en la ética de las profesiones, porque el profesional sanitario ha de ser excelente, tanto en lo que se refiere a la adquisición de las habilidades necesarias para su ejercicio, como en lo que respecta a la predisposición a actuar según los valores y metas que exige la profesión.

e) Las actitudes. Son predisposiciones, aprendidas y relativamente fijas, que orientan la conducta y previsiblemente se manifestarán ante una situación u objeto determinado. Actualmente existe una tendencia a sustituir la expresión “hábito” por “actitudes”. Las actitudes son expresión del ser más profundo de las personas, por eso tienen componentes cognitivos (ideas y creencias), afectivos (sentimientos favorables o desfavorables en relación a la situación o el objeto) y comportamentales (tendencia a responder en un determinado sentido a un aspecto de la realidad). Las actitudes se pueden modificar, aunque es difícil. Para modificar las actitudes en un sentido u otro es necesario tener un referente, una dirección hacia dónde hacerlo. En este punto entran en juego los contenidos de la vida moral, a los que podemos llamar orientadores, que se corresponden con valores, principios, normas e ideales de vida. Todos estos elementos tienen un lugar común de encuentro que llamamos conciencia moral.


4. LA CONCIENCIA MORAL

Conciencia, en general, es la capacidad de percatarse de algo. Conciencia moral es la capacidad de percatarse de que unos principios, valores, normas o ideales de vida son más humanizadores –más morales- que otros. Sus funciones son:

1ª. Principialista o captación de principios universales. Para los casos concretos necesitamos juicios concretos además de los principios.
2ª. Contextualista: formular juicios teniendo en cuenta los principios generales y los datos concretos. El resultado es el juicio práctico que es el que orienta la acción.
3ª. Autocrítica: actúa como un juez que alaba algunas de nuestras acciones y desaprueba otras, castigándolas en este caso en forma de remordimiento. En asuntos morales, si el sujeto no experimenta en conciencia que su conducta no es la correcta, las reprobaciones externas chocan contra un muro.


5. LOS AFECTADOS POR LA OBLIGACIÓN MORAL

Resulta evidente que sólo puede alabarse o criticarse la conducta de aquellos seres que:

a) Tienen conciencia moral: se percatan de sus acciones.
b) Tienen la posibilidad de actuar según sus orientaciones.

Sujeto activo de moralidad es el que es consciente y autor de la acción. Por lo tanto, es responsable de ella y le es imputable (se le puede atribuir). De responsabilidad sólo podemos hablar cuando se trata de seres libres y conscientes, que han tenido la capacidad de optar y el conocimiento moral necesarios para ser dueños de sus actos.

Sujeto pasivo de la moralidad: hay personas a las que no se les puede pedir responsabilidades morales ni imputarles sus actos, y con los que, sin embargo, sí existen obligaciones morales, sí son afectados por nuestras obligaciones morales, beneficiarios de ellas. 

Las personas poseen una especial dignidad, en virtud de la cual les reconocemos unos derechos y nos plantean unas obligaciones, tanto legales como morales. El hecho de que no sean sujetos activos de la moralidad, no implica que no sean sujetos con respecto a los cuales existen las mismas obligaciones morales que con respecto a los sujetos activos, incluso más, dado que se encuentran en una situación de debilidad.


6. LOS VALORES Y LA MORAL

Hay hechos y hay valores. Los hechos son datos de percepción. Por más que la teoría del hecho pueda complicarse hasta el infinito, cabe decir que un hecho es todo aquello que resulta mediata o inmediatamente perceptible. Los hechos son la base de nuestro conocimiento de la realidad. Por ello la ciencia se interesa fundamentalmente por los hechos. Parece claro que las cuestiones de hecho son complejas, ya que sobre toda sensación se monta indefectiblemente y necesariamente una emoción. Esto significa que no hay datos de sensación puros, sino que todos son siempre base o soporte de reacciones emocionales. No podemos percibir nada que no sea inmediatamente apreciado o despreciado, estimado o desestimado, valorado positiva o negativamente. De lo que resulta que nunca hay “puros” hechos, que la pretendida pureza del hecho es una utopía, y que todo dato de percepción va siempre acompañado de uno o muchos fenómenos de estimación o valoración. 

No hay valor sin hecho ni hecho sin valor, por más que estas dos dimensiones sean lógicamente diferenciables. Sin valores, los hechos son inoperantes, y sin hechos los valores son ciegos. Los hechos y los valores se expresan en forma de juicios. Los juicios de hecho tienen unos caracteres propios y se denominan descriptivos (ej. Luís es rubio). Los juicios de valor se denominan estimativos (ej. Carmen es bella).

Ejemplos de valores:

a) Valores vitales: sano-enfermo, fuerte-débil.
b) Valores económicos: caro-barato, abundante-escaso.
c) Valores intelectuales: evidente-probable, conocimiento-error.
d) Valores estéticos: bello-feo.
e) Valores políticos: libertad-esclavitud.
f) Valores religiosos: sagrado-profano.

Son rasgos esenciales de los valores:

a) Los valores necesitan un soporte material, que son los hechos.
b) Hay una enorme abundancia de valores.
c) Existe una polaridad de los valores: son negativos o positivos.
d) Valor y deber están relacionados: los valores tienen fuerza normativa (son parte esencial de la vida moral). La captación de un valor no realizado se acompaña del deber de realizarlo.
e) Existe una jerarquía de valores.
f) Los valores pueden entrar en conflicto.

La ética no se ocupa de lo bueno o de lo malo, sino de lo mejor, de lo óptimo y se identifica con la realización de los valores positivos y evitación de los negativos. La persona moralmente buena no es la que se propone ser buena, sino la que busca la realización de los valores óptimos. El empeño en ser simplemente bueno, sin preocuparse de la realización de valores positivos no directamente morales y la evitación de los negativos, es una aberración moral. Los valores no se dan nunca aislados sino formando matrices que denominamos culturas o tradiciones. Estos complejos axiológicos no sólo articulan valores, sino también modos distintos de gestión de los valores. Para conocer la identidad de las personas, de las profesiones y de las sociedades, es fundamental saber qué valores son los preferidos, porque ellos configuran el modo de ser de unas y otras.

7. LAS TEORÍAS ÉTICAS

7.1. Éticas de la felicidad: Aristóteles.

Es el primer filósofo que elaboró tratados sistemáticos de ética. El más influyente es Ética a Nicómaco, que sigue siendo una obra cumbre de la filosofía moral.
En dicha obra el autor plantea lo que desde su punto de vista es la clave de toda investigación ética: ¿Cuál es el fin último de todas las actividades humanas? Ese fin último es la eudaimonía, la vida buena, la vida feliz. Aristóteles proporciona criterios racionales para averiguar los comportamientos y virtudes adecuados para tal fin.

7.2. Éticas emotivistas.

Consideran que nuestras valoraciones morales proceden exclusivamente de los sentimientos de agrado o reprobación que tenemos ante la contemplación de determinadas acciones que poseen una interpretación moral. Se considera a Hume el primero que sistematizó el emotivismo moral.

Para Hume, el ámbito de la moralidad es ajeno a la experiencia sensible. La moralidad no es cuestión de hechos, sino de sentimientos subjetivos de agrado o desagrado que aparecen en nosotros al tiempo que experimentamos los hechos objetivos. Por tanto, la razón no es la facultad encargada de establecer los juicios morales. Hume encomienda las funciones morales a facultades como los sentimientos o las pasiones. La crítica principal al emotivismo es su subjetividad y relativismo.

7.3. Éticas formales: Kant.

Kant es uno de los grandes filósofos de la historia del pensamiento. En la Ética Kant adopta un punto de vista novedoso en la historia de la filosofía. Critica los sistemas éticos anteriores a los que considera sistemas de ética material (fundamentación en fines externos a la propia ética, es decir, consecuención de bienes materiales), proponiendo una ética formal (la formas que debían tener nuestras acciones para ser consideradas como morales).

Rasgos de las éticas materiales:

1. Tienen un contenido, proponen una finalidad que justifica la vida moral: alcanzar la felicidad, obtener placer, llevar a cabo acciones útiles para el mayor número de personas posibles, etc.
2. Sus mandatos se expresan mediante imperativos hipotéticos, que se encuentran determinados por un fin ajeno a la ética (la felicidad, el placer, etc.) y por condiciones externas.
3. Son éticas heterónomas: sus principios morales no se inspiran en la conciencia, sino que buscan su fundamentación en algo exterior a ella (por ejemplo la utilidad social).

Rasgos de las éticas formales:

1. No poseen contenidos concretos, no proponen ninguna finalidad que justifique las acciones morales (consecución de una vida feliz, acciones útiles, etc.).
2. Los mandatos morales se expresan en un único imperativo categórico (“obra siempre de tal modo que quieras que la máxima de tu acción se convierta en ley universal”).
3. Es una ética autónoma: la ética no debe buscar fundamentos en nada externo a la conciencia. Para Kant la buena voluntad (que no busca fines ajenos a ella misma) es el único fundamento de la vida moral.

El formalismo dialógico: las éticas procedimentales.

Los procedimentalistas son continuadores del pensamiento kantiano y sostienen que la tarea de la ética es la dimensión universalizable del fenómeno moral, que coincide con las normas acerca de lo que es justo, y no de lo que es bueno.
A diferencia de Kant, piensan que la comprobación de la corrección de las normas por una persona es insuficiente, y proponen que sea llevada a cabo por todos los afectados por la norma siguiendo procedimientos racionales.
Hay dos éticas procedimentales que destacan: la justicia como imparcialidad de J. Rawls (intenta justificar los principios morales básicos mediante un razonamiento desarrollado en una situación ideal de negociación denomidada “posición original”) y la ética del discurso de Apel y Habermas (proponen como procedimiento para indagar la corrección moral de las normas preguntarse si tal norma sería aceptable para todos los afectados, situados en una posible “situación ideal de habla”).

7.4. Utilitarismo.

Principios generales de cualquier utilitarismo que aspire a ser moral:

1º. El utilitarismo afirma que las acciones no deben valorarse por sí mismas, sino en razón de que sus consecuencias sean buenas o malas (consecuencialismo).
2º. Lo bueno en sí mismo se determina por el principio de utilidad: debe satisfacer las necesidades y la felicidad humanas desde un punto de vista social.
3º. La felicidad y el placer que se obtengan con las consecuencias de la acción deben reducirse a la totalidad de los afectados por la acción. 

Aunque antes de él hubo autores que defendieron modelos parecidos, se considera al filósofo del siglo XVIII, J. Bentham, el primero que sistematizó y fundamentó un sistema utilitarista ético. Bentham parte del emotivismo de Hume. Al igual que éste, considera que las acciones morales no son objeto directo del conocimiento, ya que conceptos como bien, justicia o vicio no corresponden a hechos de la naturaleza, sino que únicamente expresan emociones o sentimientos de agrado o rechazo con respecto a la moralidad de ciertas acciones. Consciente de esas críticas, J. Stuart Mill se propuso reformar el utilitarismo acudiendo a criterios cualitativos en lugar de criterios cuantitativos. Finalmente, estableció lo que él mismo denominó criterio utilitarista de verificación, criterio que debía aplicarse sobre todas y cada una de las leyes morales: una regla moral es válida siempre que las consecuencias de que sea observada son mejores que en el caso de que no lo sea, y siempre que sean igualmente mejores que las consecuencias obtenidas con una regla moral alternativa.

7.5. Ética de los valores.

Una nueva teoría ética, creada originariamente por Max Scheller (1874-1928) y continuada posteriormente por N. Hartmann y otros filósofos. La idea central de la Ética de los valores es que las acciones morales no deben fundamentarse en el bien sino en el valor. Para Scheller, el criterio que debe seguirse para considerar a una acción como moral es el hecho de que ésta resulte ‘valiosa’ desde una perspectiva ética. Según Scheller, el criterio de verificación de los juicios éticos proviene de una capacidad que él denomina ‘facultad estimativa’: reconocemos los valores en un objeto o acción porque los estimamos moralmente. Así, es el sentimiento -y no la razón- el que capta los valores, y lo hace a través de la intuición directa, evidente e inmediata.

7.5. Comunitarismo.

Desde principios de la década de los ochenta se ha extendido este término entre los estudiosos de la Ética, especialmente en el ámbito anglosajón (MacIntyre, Ch. Taylor, M. Sandel, M. Walzer, B. Barber). Son autores distintos pero han elaborado críticas al individualismo contemporáneo y han insistido en el valor de los vínculos comunitarios como fuente de indentidad personal.


8. LAS POSIBILIDADES DE UNA ÉTICA CÍVICA BÁSICA

Si nos preguntamos qué condiciones podrían hacer viable una situación social de convivencia pacífica, en una sociedad formada por grupos heterogéneos y en gran medida rivales, la respuesta obvia es que tal convivencia sólo es posible si todos los grupos aceptan de buen grado ciertos valores y principios:

a) Principio de respeto cívico: reconocimiento de que todos los grupos tienen derecho a existir y a mantener sus propias creencias. Esta condición se viene haciendo realidad paulatinamente en muchos países en los que se ha instaurado la tolerancia de diversas religiones y creencias en pie de igualdad. La tolerancia en este contexto no significa que todo esté permitido, pero es condición de posibilidad del pluralismo.

b) Establecimiento de un marco de libertades cívicas para todos. Como la libertad la reclaman todos los grupos rivales, el resultado es la aceptación de común acuerdo de un conjunto de libertades civiles y políticas que incluye la libertad de conciencia, de pensamiento y de culto religioso, la libertad de expresión y de prensa, la libertad de movimientos y de residencia,etc. Estas libertades básicas no son ilimitadas, siendo preciso evitar que algunos puedan abusar de sus libertades dañando a los demás. Esto exige reglamentos y autoridades encargadas de hacer que las reglas se cumplan.

c) Cierto grado de igualdad cívica. No se trata de un igualitarismo rígido, se trata más bien de hacer posible que todas las personas y grupos puedan gozar realmente de las libertades anteriormente aludidas. Es preciso ante todo la igualdad ante la ley, para que nadie pueda abusar impunemente de su libertad a costa de la libertad de los demás. Cierta igualdad de oportunidades, para garantizar que cualquier persona pueda tener la oportunidad de realizar los proyectos y alcanzar los puestos que su capacidad y esfuerzo permitan. Para ello es necesario que la sociedad disponga de infraestructuras, medidas educativas, políticas sanitarias, etc. Sin igualdad de oportunidades muchos ciudadanos se sentirán marginados y excluidos, con el consiguiente deterioro de las libertades y de la convivencia. Igualdad de la posibilidad de acceso al empleo y prestaciones sociales básicas.

d) Cultivo del valor de la solidaridad cívica universalista. La solidaridad es distinta de la mera cooperación, en el sentido de que aquella es gratuita, no espera nada a cambio. Ha de ser universal, sin discriminaciones arbitrarias (en caso contrario se convierte en corporativismo excluyente).

e) Diálogo cívico entre los grupos diferentes. Es el compromiso de resolver los conflictos a través del diálogo, evitando la violencia. El diálogo ha de ser abierto a todos los afectados por un conflicto. El pluralismo se puede mantener a partir del compromiso fuerte de los grupos con los valores de una ética cívica compartida. La ética cívica básica no es una ética global y completa, sino más bien un núcleo de valores que son patrimonio de todos y no son propiedad exclusiva de nadie. Si los grupos descuidan su compromiso con los valores que hacen posible el pluralismo, la ética cívica corre el riesgo de desaparecer, puesto que su soporte es el que le pueden aportar las éticas completas.

¡Hasta pronto! :)

Gabi

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