lunes, 10 de abril de 2017

La primacía de la democracia sobre la Filosofía de Richard Rorty

Os dejo el comentario de texto que hice la semana pasada sobre Richard Rorty. Lo tenéis a continuación:

Filosofía Política Contemporánea
Curso 2016-2017
Comentario de texto
La primacía de la democracia sobre la Filosofía
de Richard Rorty
Alumno: Gabriel Navarro Solano
Email: gabinavarros@gmail.com

Richard Rorty

Richard Rorty (1931-2007) filósofo norteamericano, fue uno de los grandes pragmatistas de su generación. Crítico radical de la teoría del conocimiento y defensor de la hermenéutica, defendió una posición autónoma de la filosofía. Su posición se funda en el pragmatismo americano (Peirce, Dewey, James), en la filosofía analítica de Wittgenstein y Quine, entre otros, y en la moderna critica fundamental de Nietzsche y Heidegger en lo referente a la cultura europea. Después de estudiar filosofía en Chicago y Yale, Rorty se doctoró en 1956 en esta última universidad. Siguieron actividades docentes en Princeton hasta el año 1982. Después de aparecer su obra principal Filosofía y el espejo de la naturaleza, Rorty se retira ese año como profesor de humanidades en la Universidad de Virginia para poder seguir trabajando en un clima de paz. En el año 1989 aparece su segunda obra importante Contingencia, ironía y solidaridad.

Para Rorty, la capacidad de la filosofía para influir positivamente en la conducta de la gente, tanto individual como colectiva, es nula. La filosofía no nos mejora, sí en cambio la literatura pues incorpora un factor de perfeccionamiento individual y colectivo. Por tal motivo se dedica a dar lecciones de literatura en los últimos años de su vida.

Para poder encasillar a nuestro autor, debemos definir una serie de términos. El término fundacionalismo puede utilizarse para definir, desde el punto de vista de la teoría social y política, aquellas teorías que suponen que la sociedad y/o la política se basan en principios que, por una parte, son innegables e inmunes a revisión y, por otro lado, están localizados fuera de la sociedad y de la política. En la gran mayoría de los casos de fundacionalismo político y social, lo que se busca es un principio que funde la política desde fuera y a partir de ese fundamento trascendente se deriva el funcionamiento de la política. Lo que se denomina posfundacionalismo no debe confundirse con antifundacionalismo. Lo que distingue el primero del segundo es que no supone la ausencia de cualquier fundamento, lo que sí supone es la ausencia de un fundamento último. El problema se plantea entonces, no en función de la falta de fundamentos, sino en función de fundamentos contingentes. Así pues, el posfundacionalismo no se detiene tras haber supuesto la ausencia de un fundamento final y por eso no se convierte en un nihilismo, existencialismo o pluralismo antifundacional. A Richard Rorty le podemos encasillar dentro de esta categoría de pensadores políticos.

En este texto, Rorty le dedica una gran parte a su peculiar análisis de la teoría de la justicia de John Rawls, que no trataré, me centraré en las páginas del texto que tienen que ver con la idea de que hay una prioridad de la democracia sobre la filosofía. Para poder comprender su punto de vista es importante tener en cuenta una serie de cuestiones mínimas del contexto epistemológico en el cual se mueve. Y una buena introducción la podemos rescatar de otro famoso texto suyo:

Los seres humanos reflexivos intentan dar un sentido a su vida, situando ésta en un contexto más amplio, de dos maneras principales. La primera es narrando el relato de su aportación a una comunidad. Esta comunidad puede ser la histórica y real en que viven, u otra real, alejada en el tiempo o el espacio, o bien una imaginaria, quizás compuesta de una docena de héroes y heroínas elegidos de la historia, de la ficción o de ambas. La segunda manera es describirse a sí mismos como seres que están en relación inmediata con una realidad no humana. Esta relación es inmediata en el sentido de que no deriva de una relación entre esta realidad y su tribu, o su nación, o su grupo de camaradas imaginario. Afirmo que el primer tipo de relatos ilustran el deseo de solidaridad, y los del segundo tipo ilustran el deseo de objetividad. "¿Solidaridad u objetividad?" en Objetividad, relativismo y verdad. Paidós, Barcelona, 1996, p.39.

Rorty nos dice en este párrafo que los seres humanos tenemos dos maneras de fundamentar el hecho de que vivimos juntos y producimos normas para poder convivir. Una de ellas es apelando a lo trascendente, esto es, algo que está fuera de la comunidad, a algo que no decidimos nosotros. Somos capaces de vincularnos con eso y en función de ello legitimar nuestros estilos de vida y normas de convivencia. Hay otra forma de fundamentar las normas de convivencia, y es apelar a nosotros mismos. Lo llama solidaridad y nos situamos en un plano inmanente. Los seres humanos no tienen la necesidad de saltar fuera de la comunidad para justificar sus actitudes. No necesitan ni la religión ni la metafísica. Optan, pues, por apelar a sí mismos y a su decisión. En este sentido podríamos hablar de postfundacionalismo y lo que apela Rorty es a un contextualismo radical. El único fundamento de nuestros estilos y normas de vida, dice Rorty, es el reiterado asentimiento de la comunidad que se afirma de forma autónoma. Se podría decir que esto sería un argumento circular, “nos gusta lo que hacemos nosotros”, es decir, no podemos salir de nuestro plano de inmanencia para buscar un punto de vista externo y legitimarnos, pero Rorty dice que no existen puntos externos, dice que es imposible "desnudarnos" de nuestro contexto y prescindir del plano de inmanencia al que pertenecemos. Todos los protocolos que seamos capaces de generar para defender nuestros estilos de vida van a ser siempre circulares, defiende nuestro autor.

Este enfoque sólo le puede preocupar a aquellos que siguen ansiando y considerando que es crucial que dispongamos de fundamentos teóricos de nuestra praxis y estilos de vida, pero para los pragmatistas eso debe dar igual. El único fundamento es que seguimos apostando por eso y sin ningún fundamento que lo acompañe. Lo que va antes es cómo queremos vivir o como de hecho vivimos y después viene la filosofía entendiendo por ésta toda la producción de orden discursivo o teoría. La teoría viene después y siempre es ad hoc, a teoría se orienta a legitimar y producir nuestros estilos de vida.

Rorty considera que hay un plano de fundamentación o plano teórico acerca de nuestra sociedad que produce retórica. ¿A qué se refiere con retórica? A las ciencias sociales, naturales, la literatura, la filosofía, la teoría y la metateoría de cómo pensar nuestros modos de vida, etc. Todo es una producción teórica la cual es consistente con un estilo de vida. La justificación pragmatista de nuestros hábitos llevaría a un hiperconductismo. Ese plano de justificación va por un lado y por otro va el lado político. Es decir, tiene contacto pero no hay un fundamento y tampoco lo necesita. El creer que lo necesita es una creencia errónea y es heredada del contexto barroco y debemos desprendernos de ella porque es peligroso. Además, es innecesario.

Lo que le permite llegar a estas posturas es su pragmatismo, según el cual carece de sentido preguntamos por la esencia del ser humano para descubrir en ella la presencia de derechos inalienables que después intentemos plasmar políticamente. El camino es justo al revés. A su juicio, hoy no se precisan teorías sobre la naturaleza humana para justificar nuestros hábitos de justicia y libertad, cuya prioridad para nosotros es ya su justificación. Es decir, la política no requiere fundamentos extrapolíticos, filosóficos, le basta el acuerdo entre los ciudadanos. La acción humana en general no necesita ser justificada por referencia a creencias previas sobre la esencia de la realidad, sino que éstas se reducen a descripciones posteriores sobre acciones exitosas y congruentes con la propia autocomprensión, en el marco de una comunidad.

El pragmatismo rortyano se declina como una cultura posfilosófica en el sentido de que corta los vínculos de justificación entre la filosofía y la política. La prioridad de la democracia liberal no se basa, pues, en una fundamentación teórica, sino justamente en no precisarla por reemplazar la razón y la verdad por la solidaridad y la conversación, siendo así índice y factor de contingencia.

Fin del comentario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario