domingo, 29 de septiembre de 2013

Frege. Sobre sentido y referencia. Ayuda para las prácticas de "Filosofía del Lenguaje I" (María Cerezo)

Fuente: 4.2 Frege. Sobre sentido y referencia, del temario de oposiciones de Filosofía, Volumen 1, tema 4, apartado 2. Autor: Mariano Moreno Villa.

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La teoría de Frege tiene a su base dos principios: principio del contexto y el principio de composicionalidad. Según el principio del contexto, «No se debe inquirir por el significado de expresiones separadas, sino que debe investigarse su significado en el contexto de oraciones». Sin embargo, el significado de las oraciones es derivado o secundario con respecto al de las palabras; el significado de las oraciones está sistemáticamente determinado, en virtud de reglas composicionales, a partir del significado de sus partes; éste es el principio de composicionalidad. Lo que propone el principio fregeano del contexto es que las palabras no significan aisladamente, sino que su significado es una contribución específica al significado de las oraciones en las que pueden aparecer. A pesar de lo que pudiera parecer, no existe conflicto entre ambos principios. El principio de composicionalidad requiere que el significado de las "palabras", a diferencia del significado de las oraciones, sea asistemático, es decir, establecido caso a caso por enumeración. El segundo requiere que el significado de las unidades léxicas, a diferencia del significado de las oraciones, sea contextual, que las reglas del significado para las palabras hagan necesariamente referencia al modo en que, dada una categoría semántica general a la que pertenecen, contribuyan junto con palabras de otras categorías al significado de las oraciones. El principio del contexto requiere, en definitiva, que las reglas que determinan el significado de las oraciones a parir del significado de las palabras no tomen en consideración del mismo modo el significado de todas las palabras.

Aunque el significado de una oración venga sistemáticamente determinado por el significado de las palabras que la componen, una oración no es una mera lista de palabras. Si una oración no es una mera lista es porque las palabras pertenecen a distintas categorías semánticas, distinguidas por sus diferentes funciones semánticas; por consiguiente, una especificación teórica del significado de las palabras debe indicar cuál es su específico tipo de contribución al significado de las oraciones de las que pueden formar parte. El significado de cada oración particular viene determinado sistemáticamente por el significado de las palabras (o, mejor dicho, por el de las unidades semánticas que la componen: esto es el núcleo del principio de composicionalidad. Especificar el significado de cada unidad semántica requiere indicar el modo general en que las palabras de su misma categoría semántica contribuyen al significado de las oraciones: éste es el núcleo delprincipio del contexto. El principio fregeano es así una tesis que contradice la concepción agustiniana del lenguaje. El correlato de la concepción agustiniana es la idea de que los significados de las palabras se explican mediante actos de ostensión; el principio fregeano del contexto pone de manifiesto una deficiencia de esta idea, insistiendo en que las palabras no significan todas del mismo modo. Es en parte ésta la razón por la cual no puede bastar un acto de ostensión para entenderlas.

Dado que un usuario competente del lenguaje es capaz de producir coherentemente oraciones nuevas, así como de entender oraciones nuevas, debemos suponer que la propiedad que tienen las oraciones de tener un cierto significado es sistemática: no se comprenden las oraciones como un todo, sino que de algún modo su significado se obtiene del significado de sus partes. Esto es lo que dice el principio de composicionalidad, y en este sentido el significado de las oraciones depende del significado de las palabras. Por otro lado, una explicación del significado de una palabra debe consistir en una explicación de cómo esa palabra contribuye a determinar el significado de las oraciones en las que aparece; porque, dado que las oraciones no son meras sartas de palabras, es claro que las palabras deben contribuir de modos distintos al significado de las oraciones. Esto es lo que el principio del contexto nos pide tomar en cuenta. Ambos principios se complementan así coherentemente. De acuerdo con el principio del contexto, una teoría del lenguaje debe especificar el significado de cada palabra, no como si la palabra fuese un signo dotado por sí solo de significado, sino indicando al hacerlo de qué modo específico contribuyen las palabras pertenecientes a una misma categoría al significado de las oraciones. Por otra parte, en la medida en que la especificación del significado de las unidades léxicas se atenga al principio del contexto, el significado de cada oración estará completamente determinado por las reglas que especifican el significado de las unidades semánticas que la componen; y esto es lo que establece el principio de composicionalidad.

Por consiguiente, la construcción de una teoría de las reglas composicionales que permiten determinar el significado de las oraciones a partir del significado de las palabras requiere clasificar las palabras en diferentes categorías o grupos. Estas categorías serán categorías semánticas, por cuanto se trata de categorías necesarias para determinar el significado de las oraciones a partir del significado de las palabras. Una de estas categorías es la de los términos singulares. Son términos singulares para Frege las descripciones definidas, los nombres propios en sentido estricto, y expresiones deícticas (cuya contribución semántica depende del contexto en que se profieren) como 'yo', 'tú', 'allí', etc. La función semántica de los términos en esta categoría es introducir un individuo particular acerca del cual trata el discurso. Otras categoría es la de los predicados o términos generales, como 'es mayor que', 'es rojo', etc. Otras sería la de las conectivas como 'y', 'o', etc. El principio del contexto nos llama la atención sobre el hecho de que las expresiones en cada una de estas categorías contribuyen al significado de las oraciones de modos específicos, distintos del modo en que lo hacen las expresiones de otras categorías y relativos los modos propios de los unos a los otros.

En "Sobre sentido y referencia" Frege mantiene la tesis de que una teoría semántica debe necesariamente asociar dos propiedades semánticas distintas con cada expresión: la expresión de unsentido y la referencia a un referente. La argumentación fregeana a favor de esta tesis tiene la forma de una paradoja: se enuncian tres proposiciones, aparentemente inconsistentes entre sí, cada una de ellas altamente plausible. Se ofrece entonces la distinción entre sentido y referencia, que posibilita una sutil interpretación de las proposiciones eliminadora de su aparente inconsistencia; y se concluye la necesidad de establecer la distinción como el único modo razonable de solucionar la paradoja.

La primera proposición de la tesis de Frege es una tesis sobre el significado de los términos singulares. Para reflexionar sobre el significado de un término singular debemos preguntarnos cuál es su contribución a los enunciados en los que el término puede aparecer. Siguiendo a Frege, el significado de una expresión es su contribución semántica al significado de los enunciados en que pueda aparecer. Los enunciados son evaluables como verdaderos o falsos. Que sean verdaderos o falsos depende de los hechos relativos a un cierto objeto extralingüístico (y extramental) al que nos dirige el término. Ese objeto está claramente involucrado en la configuración de las condiciones de verdad de los enunciados. La entidad en cuestión es una entidad objetiva, un constituyente deacaecimientos. El objetivo del argumento es mostrar que no hay nada como "el" significado, sino que lo que llamamos así se descompone en dos aspectos. Frege denomina a este aspecto del significado la referencia del término. Ésta es la definición inicial de referencia:

la referencia de un término singular es esa entidad objetiva por relación a la cual se evalúa la verdad o falsedad de los enunciado en que el término aparece y que contribuye a configurar sus condiciones de verdad.

La primera premisa del argumento de Frege sostiene que términos singulares como 'el lucero del alba' tiene como referencia una entidad objetiva (el planeta Venus, en este caso); por tanto (bajo el supuesto semántico monista que el argumento de Frege pretende refutar), tienen una entidad objetiva como significado.

La segunda premisa del argumento de Frege afirma que un enunciado resultante de sustituir en otro un término singular por otro diferente, pero con la misma referencia, puede tener diferente valor cognoscitivo que el primero para un usuario competente del lenguaje en el que ambos enunciados están formulados. Consideremos los enunciados

(1) el lucero del alba es visible al amanecer

(2) el lucero vespertino es visible al amanecer

(1) y (2) sólo difieren en el hecho de que contienen expresiones distintas que, sin embargo, refieren a lo mismo; (2) es el resultado de sustituir en (1) un término ('el lucero del alba') por otro ('el lucero vespertino') con la misma referencia. Sin embargo, (1) y (2) pueden tener diferente valor cognoscitivo para un hablante dado. Uno de los enunciados puede no ser informativo para esa persona, mientras que el otro sí lo es. De modo más general, la segunda premisa de la tesis de Frege asevera que un usuario competente del lenguaje en que están expresados estos enunciados puede aceptar como verdadero uno y rechazar (o suspender el juicio acerca de) el otro, que sólo difiere del primero en contener un término singular diferente pero con la misma referencia.

Frege ilustra la segunda premisa de su argumento mediante enunciados de identidad; mientras que (3) no es informativo para un hablante competente en el uso de las expresiones que lo componen, (4) sí puede serlo:

(3) el lucero del alba = el lucero del alba

(4) el lucero vespertino = el lucero del alba

El elemento fundamental de la segunda premisa del argumento de Frege es que, si bien a un individuo que aceptase (1) y (3), pero rechazase (2) y (4) le faltaría información astronómica, a un individuo así no tendría por qué faltarle información lingüística.

La tercera premisa del argumento de Frege es que las diferencias en valor cognoscitivo entre los enunciados que acabamos de ilustrar sólo pueden ser explicadas atribuyendo a las expresiones en que los enunciados difieren diferencias en sus significados. Bajo el supuesto monista la inclusión de esta proposición produce, junto a las dos anteriores, una contradicción. Reflexionando sobre la naturaleza del significado de un término singular, hemos identificado un aspecto del mismo con su referencia, y, tras ofrecer una caracterización abstracta del concepto de referencia, hemos encontrado buenas razones para identificar las referencias, y por tanto los significados, de 'el lucero del alba' y 'el lucero vespertino'. La segunda y la tercera premisa, conjuntamente, conllevan sin embargo que los significados de esas expresiones (y, por tanto, las referencias, si los significados son las referencias) son diferentes. Sin embargo, la tercera premisa parece enteramente plausible. La premisa excluye posibles explicaciones de los fenómenos presentados en la segunda, distintas de la explicación consistente en que las palabras en que difieren los enunciados en cuestión tengan diferentes significados.

El problema que Frege intenta poner de relieve, el que realmente motiva su distinción teórica entre sentido y referencia, consiste en esto: por un lado, un hablante competente del castellano puede suponer diferentes los referentes de las expresiones en que (1) y (2) difieren, coherentemente con su competencia lingüística. Mientras que, por otro, existen razones intuitivas preteóricas para pensar que los referentes son los significados, y que, por consiguiente, la competencia lingüística consiste en conocer el vínculo lingüístico de las expresiones con los mismos.

En los casos contemplados en la segunda premisa, las diferencias tienen que ver con diferencias en los significados, no meramente con diferencias entre las expresiones; y se trata de diferencias en los significados en el sentido preciso en que conocer el significado es conocer el referente (aquello por relación a lo cual se evalúa la verdad o falsedad de los enunciados, su contribución a las condiciones de verdad), y no meramente de diferencias en las connotaciones asociadas a los términos (excluyendo así una explicación del segundo tipo).

¿Qué conclusión hemos de extraer del argumento de Frege? No que la primera proposición sea falsa, pues, según Frege, las intuiciones que la justifican son totalmente correctas. Igualmente ciertas son las proposiciones 2 y 3. Podemos formular la proposición 3 así: las diferencias en valor cognoscitivo de expresiones con el mismo referente sólo pueden ser explicadas atribuyendo a las expresiones en que los enunciados difieren diferencias en los significados relativas a sus referentes. Desde el punto de vista de Frege, la dificultad está aquí: pues la distinción entre sentido yreferencia revela una ambigüedad en la idea que aquí se expresa. Para que las tres proposiciones sean contradictorias es preciso interpretarla así: las diferentes actitudes sólo pueden ser explicadas atribuyendo a las expresiones relaciones de referencia con diferentes entidades. Las diferencias en valor cognoscitivo indican que los hablantes, pese a ser usuarios competentes, y pese a que los enunciados sólo difieren en contener expresiones que significarían lo mismo si el enunciado fuese el referente, entienden diferentes cosas -pues es coherente con su competencia lingüística la suposición de que la verdad de los enunciados (1) y (2) depende de que se den o no diferentessituaciones objetivas. Hemos supuesto que esto implica que las referencias mismas deben ser distintas, lo que produce una inconsistencia patente con la primera proposición (y nos forzaría a rechazarla, sosteniendo que los referentes de 'el lucero del alba' y 'el lucero vespertino' son diferentes.

Sin embargo, el principio general que permite construir los ejemplos que ilustran la segunda proposición apunta a una interpretación distinta de la tercera, una de acuerdo con la cual no hay inconsistencia entre las tres -y con ello a una solución del problema. Los referentes de los términos singulares son entidades objetivas, que sólo pueden ser conocidas mediante el conocimiento de modos de presentación que las identifican distintivamente; modos de presentación diferentes pueden, sin embargo, identificar una misma entidad. La conclusión que Frege extrae de su argumento se apoya en esto: según Frege, un hablante competente sólo puede conocer la referencia O de un término singular T conociendo un modo de presentación V que (i) está también semánticamente asociado con T, y (ii) identifica unívocamente a O. Las diferencias en valor cognoscitivo ejemplificadas por (1)-(2) se explican porque los distintos términos singulares están asociados lingüísticamente con diferentes modos de presentación que los vinculan con la misma referencia. Podemos aceptar ahora la distinción entre la referencia y el referente; la referencia es el vínculo semántico entre la expresión y el referente. Pero, para obtener una explicación correcta de las diferencias en valor cognoscitivo, hemos de añadir que ese vínculo pasa a través de una relación semántica previa entre la expresión y su sentido. La referencia es el vínculo semántico entre la expresión y el referente mediado por la relación semántica de la expresión con un sentido.

Dado que los sentidos son indispensables para "llegar" a las referencias o para determinarlas, esta explicación es compatible con las consideraciones que sustentaban la tercera proposición. Frege sostiene que ningún usuario competente del lenguaje puede conocer "directamente" la referencia de 'el lucero del alba', la contribución de estas expresiones a las condiciones de verdad de los enunciados que las incluyen; se conoce la referencia de estas expresiones a través del conocimiento de ciertos sentidos que "nos dirigen" a ellas, individualizándolas. Por consiguiente, la "diferencia en las referencias" que establece la tercera proposición puede consistir, no en una diferencia en las entidades significadas, sino más bien en una diferencia en la manera en que se accede a ellas.

No hay, pues, inconsistencia entre las proposiciones. El argumento de Frege nos fuerza a adoptar una actitud pluralista, atribuyendo a los términos singulares dos tipos de propiedades semánticas: un sentido y una referencia. Hacerlo así revela como meramente aparente la inconsistencia; pero sólo porque el sentido y la referencia de una expresión no son independientes. Las referencias de los términos singulares están determinadas por sus sentidos, en la medida en que los sentidos son modos de presentación o conjuntos de características que individualizan al referente, y sin la asociación con los cuales las palabras no tendrían referencia.

Según Frege, existe una relación entre signo, sentido y referencia. Esta relación es la siguiente: cada signo tiene un sentido, cada sentido tiene una referencia; ahora bien, una referencia no solamente tiene un signo, sino que puede tener varios. En nuestro ejemplo, la referencia Venus tendría como signos 'El lucero de la mañana' y 'El lucero de la tarde'.

Por otro lado, no todo sentido tiene por qué tener una referencia. "Las palabras 'el cuerpo celeste más alejado de la Tierra' tienen un sentido; pero que tengan también una referencia es muy dudoso".

La referencia de una palabra es aquello de que se quiere hablar cuando se la usa normalmente. Sin embargo, hay que distinguir entre referencia directa y referencia indirecta. Del mismo modo, hay que distinguir entre sentido directo y sentido indirecto. La referencia directa de una palabra sería el objeto del que se quiere hablar, mientras que la referencia indirecta haría referencia al sentido de una palabra

Si se quiere hablar del sentido de la expresión "A", basta con usar sencillamente la locución "el sentido de la expresión 'A". En el estilo indirecto se habla del sentido, por ejemplo, del discurso de otro. Se ve claramente que, incluso en este modo de hablar, las palabras no tienen su referencia usual, sino que se refieren a lo que habitualmente es su sentido... La referencia indirecta de una palabra es, pues, su sentido usual

La referencia y sentido de un signo se distingue también de la representación asociada a tal signo. Si la referencia de un signo es un objeto sensiblemente perceptible, la representación que yo tengo de tal objeto es una imagen interna formada a partir de recuerdos e impresiones sensibles que he tenido. Tenemos, así, la primera diferencia entre referencia y representación: mientras que la referencia es algo objetivo (el planeta Venus es un objeto que está ahí para cualquiera que quiera mirarlo), la representación es algo subjetivo (está en función de nuestras experiencias y expectativas personales). Cuando hablamos de una representación, siempre hemos de añadir que es la representación de alguien en un momento determinado.

Tenemos, así una nueva relación entre términos. Por un lado está la referencia, que es el objeto al que estamos designando; por otro lado, tenemos la representación de ese objeto, que, como se acaba de decir, es subjetiva. Entre ambas tenemos el sentido, el cual no es subjetivo como la representación, pero que tampoco es el objeto mismo al que estamos aludiendo

Quizá sea adecuada la siguiente analogía, para ilustrar estas relaciones. Alguien observa la Luna a través de un telescopio. Comparo la Luna con la referencia; es el objeto de observación, que es proporcionado por la imagen real que queda dibujada sobre el cristal del objetivo del interior del telescopio, y por la imagen en la retina del observador. La primera imagen la comparo con el sentido; la segunda, con la representación o intuición. La imagen formada dentro del telescopio es, en verdad, sólo parcial; depende del lugar de observación; pero con todo es objetiva, en la medida en que puede servir a varios observadores... Pero, de las imágenes retinianas, cada uno tendría la suya propia. Apenas podría lograrse una congruencia geométrica, debido a la diferente constitución de los ojos (Frege, op. cit.)

Frege pasa a continuación a distinguir entre palabras, expresiones y oraciones completas. Con respecto a las palabras, Frege afirma que existe una conexión incierta entre las representaciones y las palabras; pero, a pesar de ello, la referencia de una palabra sigue siendo algo objetivo, a saber, aquello a lo que designa. No ocurre lo mismo con el sentido; esto es lo que hace posibles, por ejemplo, los matices con que la poesía y la elocuencia tratan de revestir el sentido. Estos matices y énfasis no son objetivos, sino que, por el contrario, tienden a influir de un determinado modo en el oyente, o en el lector.

¿Qué ocurre con las oraciones, es decir, con los enunciados asertivos completos?, ¿cuál es su sentido y su referencia?. Una oración contiene un pensamiento; ¿es tal pensamiento su sentido o su referencia?. Según Frege, el pensamiento no es la referencia de un enunciado, sino su sentido.

¿Qué pasa con la referencia?, ¿por qué queremos que un enunciado, además de sentido, tenga referencia?. La respuesta de Frege es la siguiente:

Porque, y en la medida en que, nos interesa su valor veritativo... Es la búsqueda de la verdad lo que nos incita a avanzar del sentido a la referencia. Hemos visto que a un enunciado hay que buscarle una referencia siempre que interesa la referencia de las partes componentes; y esto es siempre el caso, y sólo entonces, cuando nos preguntamos por los valores veritativos (Frege, op. cit.)

De aquí parecería seguirse que la referencia de un enunciado asertivo sería su valor veritativo, es decir, la verdad o la falsedad. Ahora bien, si es cierto que la referencia de un enunciado es su valor veritativo, el valor veritativo de un enunciado deberá permanecer incambiado cuando una parte del enunciado se sustituye por otra que tenga la misma referencia. Según Frege, éste es el caso. De aquí se sigue todos los enunciados verdaderos tienen la misma referencia, verbigracia, la verdad; y que todos los enunciados falsos tienen la misma referencia, a saber, lo falso. El conocimiento que nos proporciona un enunciado proviene de unir al pensamiento expresado en el enunciado su referencia, es decir, su valor veritativo.

¿Ocurre lo mismo con los enunciados subordinados?. Los enunciados subordinados aparecen como parte de una estructura enunciativa que es asimismo un enunciado, a saber, el enunciado principal. Ahora bien, ¿vale también para los enunciados subordinados el que su referencia sea un valor veritativo?. Según Frege, la referencia de un enunciado subordinado no es su valor veritativo, sino que es análoga a la de un nombre, un calificativo o un adverbio; es decir, es análoga a la de una parte del enunciado. En los enunciados introducidos por "que" la referencia del enunciado subordinado es un pensamiento, y por sentido el sentido de las palabras "el pensamiento de que...", el cual es una parte del pensamiento expresado en la oración completa. El que la referencia de un enunciado subordinado es un pensamiento se refleja en el hecho de que para la verdad de toda la oración es indiferente que ese pensamiento sea verdadero o falso.

Tampoco es un valor veritativo la referencia de enunciados subordinados introducidos con "que" después de expresiones como "mandar", "pedir", "prohibir", ... En estos casos, la referencia no es un valor veritativo, sino una orden, un ruego, ...

El enunciado subordinado, por lo general, no tiene por sentido ningún pensamiento, sino únicamente una parte de alguno y, en consecuencia, no tiene por referencia ningún valor veritativo. La razón consiste, o bien en que, en la subordinada, las palabras tienen su referencia indirecta, de modo que la referencia, y no el sentido de la subordinada, es un pensamiento, o bien en que la subordinada es incompleta debido a que hay en ella un componente que sólo alude indeterminadamente, de modo que únicamente junto con la principal puede expresarse un pensamiento, y entonces, sin perjuicio de la verdad del todo, puede ser sustituida por otro enunciado del mismo valor veritativo, siempre y cuando no existan impedimentos gramaticales (Frege, o.c)

Las razones por las que no siempre se puede sustituir una subordinada por otra del mismo valor veritativo, sin perjuicio de la verdad de la estructura enunciativa entera son:

Que la subordinada no se refiere a ningún valor veritativo, al expresar sólo una parte de un pensamiento. Esto ocurre en la referencia indirecta de las palabras, o cuando una parte del enunciado alude sólo indeterminadamente, en vez de ser un nombre propio

Que la subordinada se refiere a un valor veritativo, pero no se limita a esto, al comprender su sentido, además de un pensamiento, una parte de otro pensamiento.

FIN del epígrafe.

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2 comentarios:

  1. NOTA: este post es un resumen amplio de la obra. En breve redactaré otro post con las tesis principales y su refutación. Saludos!

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  2. Muy bueno, felicidades! Me gustaría peguntarle: ¿cuál es el sentido de la oración subordinada, si su referencia es su sentido usual?

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